sábado, 14 de marzo de 2026

UNA GRAN HISTORIA DE LOS TAXISTAS DE PAZ DE RÍO

 

 

UNA GRAN HISTORIA DE LOS TAXISTAS DE PAZ DE RÍO

La historia de los taxis en los pueblos de Paz de Río, Boyacá, refleja una parte importante de la memoria del transporte rural en Colombia. En sus comienzos, los conductores eran hombres curtidos por el sol y por las difíciles condiciones de las carreteras. Conduciendo por vías inicialmente destapadas y tortuosas, estos vehículos se convirtieron poco a poco en pilares fundamentales del transporte local.

En muchos casos se trataba de automóviles antiguos, frecuentemente Chevrolet Chevette en décadas posteriores, aunque en los primeros años predominaban modelos más antiguos de marcas como Ford, Dodge y Chevrolet. Estos vehículos fueron testigos de la transformación del paisaje boyacense y del crecimiento de la vida cotidiana en los municipios de la región.

Contexto del transporte en Boyacá

El departamento de Boyacá, caracterizado por su geografía montañosa, siempre ha tenido una gran necesidad de transporte terrestre. Durante buena parte del siglo XX, muchas carreteras eran destapadas y presentaban condiciones difíciles para la circulación.

En este contexto, los taxis y los llamados colectivos se convirtieron en un medio fundamental para conectar los pueblos con ciudades cercanas como Duitama, permitiendo el transporte de personas, mercancías y noticias.

Los taxis de 1961 en Colombia: la era de los “batimóviles”

Uno de los fenómenos más curiosos de la historia automotriz colombiana ocurrió a finales de la década de 1960 y comienzos de la siguiente. Se trataba de los grandes y vistosos taxis modelo 1961, que con el tiempo fueron conocidos popularmente como “los batimóviles”.

La preferencia por los automóviles estadounidenses era muy marcada en esa época. Cada año estos vehículos cambiaban de diseño y se encontraban en una etapa considerada como una edad dorada del automóvil, caracterizada por grandes proporciones y líneas aerodinámicas inspiradas incluso en la industria aeroespacial.

En 1966 apareció la serie de televisión Batman, protagonizada por Adam West. El diseño del automóvil del personaje recordaba bastante a aquellos taxis que circulaban en Colombia desde algunos años antes. Por esa razón, la gente empezó a llamarlos de manera popular “batimóviles”.

A pesar de que con el tiempo quedaron desfasados debido a la obsolescencia tecnológica, su resistencia permitió que continuaran en servicio durante décadas, incluso hasta principios de los años noventa, especialmente en transporte rural e informal.

Inicio del servicio de taxis en Paz de Río

Posteriormente, hacia comienzos de la década de 1970, este tipo de vehículos empezó a prestar servicio en Paz de Río. Según recuerdan algunos habitantes, uno de los primeros conductores habría sido don Pedro Montañez, quien utilizaba un carro sedán adaptado como taxi.

También se mencionan otros conductores pioneros como don Libardo Domínguez, don Héctor Araque, Adelmo Benítez, Ismael Silva, Leónidas Naranjo, Juan Cárdenas y Francisco “Pacho” Villamizar.

Con el tiempo se sumaron otros nombres recordados por la comunidad, entre ellos Marcos Palacios (q.e.p.d), Pedro Nel Eslava (q.e.p.d), Gonzalo Cely, Carlos Martínez (q.e.p.d), Rafael Duran, Alberto Silva, Mauro Martínez, Iván Cardenas, Leo Naranjo, adelmo(junior). Y me disculpan otros más que se me olvidan y que ya fallecieron. entre muchos más que seguramente también hicieron parte de esta historia.

La mayoría de los vehículos eran modelos de los años cincuenta y sesenta, principalmente de marcas Ford, Dodge y Chevrolet. Algunos tenían apodos cariñosos como “el Canario”, “la Muñeca”, “el Ferrari” o “el Batimóvil”.

Muchos de estos conductores se vincularon posteriormente a empresas de transporte como Cooflotax, Cootrachica y Autoboy.

 

Condiciones del viaje

En aquellos años, la carretera que comunicaba Paz de Río con Belén era destapada y se convertía en un verdadero trajín para los conductores y pasajeros. En algunos tramos parecía más una trocha que una carretera, por lo que el viaje resultaba largo y difícil.

Los vehículos mencionados anteriormente eran apreciados precisamente por su estructura resistente, sus buenos ejes y su suspensión, que soportaban mejor las irregularidades del camino. Además, algunos conductores instalaban cortinas para protegerse del sol, y en ciertos casos también colocaban reproductores de casete, ya que la señal de las emisoras era deficiente debido a la geografía montañosa.

Durante el trayecto, no era raro que algunos pasajeros se marearan, especialmente los niños. Por esta razón, muchas veces se llevaban bolsas plásticas por si alguien necesitaba utilizarlas durante el viaje.

Los carros estaban diseñados para cuatro pasajeros, pero con frecuencia viajaban cinco o incluso seis personas, lo que hacía el trayecto bastante incómodo, sobre todo para quien quedaba sentado en el centro.

Sin embargo, a pesar de las incomodidades, para muchos niños y familias viajar en taxi hacia Duitama o Paz de Río era toda una experiencia.

Vida cotidiana dentro del taxi

Los conductores tenían estilos muy distintos. Algunos eran muy conversadores y amables; otros, en cambio, eran más serios o de mal genio. Entre las frases que aún recuerdan los pasajeros estaban expresiones como:

“Yo no lo puedo llevar hasta Belén.”
“¿Qué es esa luz que se ve: un carro o una casa?”
“Vale cien pesos, vale doscientos pesos.”

Algunos conductores colocaban desodorantes en el vehículo para mejorar el ambiente, mientras que otros preferían mantener el silencio durante el viaje.

También existían vehículos más grandes, similares a pequeñas busetas, donde viajaban más pasajeros, muchas veces tan apretados que parecían, como decía la gente, “enlatados como sardinas”.

En cuanto a la música, era común escuchar canciones mexicanas románticas, muy populares en esa época.

Anécdotas del camino

Entre las muchas historias que se recuerdan, hay algunas que han quedado grabadas en la memoria de los habitantes.

Se cuenta, por ejemplo:

 

Relatos y anécdotas de los taxistas de Paz de Río

Cuentan que, en una ocasión, don Leónidas (q. e. p. d.) viajaba desde Duitama hacia Paz de Río. El trayecto transcurría entre Belén y Paz de Río, por una vía solitaria. Quienes escucharon el relato de su propia voz aseguran que ocurrió en una noche iluminada por la luna.

En medio del camino se le presentó una mujer muy hermosa y amable. Al verla sola en la carretera, don Leónidas decidió invitarla a subir al carro. La mujer aceptó y continuaron el viaje.

Después de unos cinco minutos de trayecto, don Leónidas la observó de reojo, impresionado por su belleza. Sin embargo, volvió su mirada hacia la vía para seguir conduciendo. Instantes después, al mirar nuevamente por el rabillo del ojo, sintió un súbito estremecimiento. De inmediato volteó la cabeza y quedó inundado de espanto y terror: en el asiento contiguo ya no estaba la mujer, sino un esqueleto blanquecino recostado.

En ese momento, don Leónidas se llenó de miedo, pero también de valor. Frenó bruscamente el vehículo, salió despavorido y corrió algunos metros. Pasados unos diez minutos, regresó con cautela al carro. Al mirar dentro, no encontró ni a la mujer ni al esqueleto. No había absolutamente nada.

Se santiguó varias veces y, todavía temblando, se dijo a sí mismo:

—El diablo me está jodiendo… o me estoy volviendo loco.

Finalmente, retomó su camino.

 

Otra anécdota cuenta que don Pachito se encontraba prestando servicio en la ruta de Duitama a Paz de Rio. Aquel dia llevaba varios pasajeros. Entre ellos estaba doña Emilce, conocida por algunos habitantes del lugar, especialmente entre los hombres. También viajaba un joven que cargaba con mucho cuidado una caja extraña.

Era época de Navidad y, en aquellos años, aún no estaba prohibida la pólvora. El joven había colocado la caja en la parte trasera del vehículo.

El trayecto entre Paz de Río y Belén era entonces una carretera destapada y llena de irregularidades. Todo marchaba con normalidad hasta llegar a Belén. Sin embargo, unos veinte minutos después ocurrió algo inesperado. Una puesta en escena.

-De repente se escuchó una fuerte explosión que provenía de la cajuela del carro-. Los pasajeros se asustaron enormemente y algunos gritaron:

—¡Nos matamos!

El vehículo incluso se levantó ligeramente a causa de la explosión. Algunos pasajeros aseguraban que, de no ser por el peso de quienes iban dentro —especialmente de doña Emilce, que era de buenas carnes—, el carro habría podido volcarse.

Don Pachito, todavía aturdido, preguntaba:

—¿Qué pasó?, ¿qué fue eso?

En ese momento, el joven pasajero, visiblemente asustado y ya fuera del vehículo, confesó:

—¡Lo que pasa es que llevaba una caja llena de pólvora!

Al parecer, los torpedos que llevaba dentro se activaron debido a los fuertes golpes provocados por el mal estado de la carretera.

El carro quedó averiado en gran parte de la carrocería. Posteriormente, el joven buscó mecánicos y latoneros para reparar los daños.

Afortunadamente, todos los pasajeros salieron ilesos.

habría zonas del trayecto del viaje, especialmente como el marrano el portachuelo el uvo o el plan de belén concentra, tirinquita tenería y otras más.

 

 

Conclusión

Sin duda alguna, existen muchas más historias y anécdotas sobre el servicio de taxis en Paz de Río. Estos vehículos no solo transportaban personas, sino también recuerdos, experiencias y momentos de la vida cotidiana de la comunidad.

Por eso, vale la pena rendir un homenaje a todos aquellos pioneros conductores que, con esfuerzo y valentía, recorrieron las difíciles carreteras de Boyacá y contribuyeron al desarrollo del transporte en la región.

Para muchos habitantes, especialmente quienes fueron niños en aquella época, viajar en taxi hacia Duitama o Paz de Río sigue siendo un recuerdo entrañable y lleno de nostalgia.

 

JOSUE MARTINEZ A

PAZ DE RIO- EL PEDREGAL-2026