UNA GRAN HISTORIA DE LOS TAXISTAS DE PAZ DE RÍO
La historia de los taxis en los pueblos de
Paz de Río, Boyacá, refleja una parte importante de la memoria del
transporte rural en Colombia. En sus comienzos, los conductores eran hombres
curtidos por el sol y por las difíciles condiciones de las carreteras.
Conduciendo por vías inicialmente destapadas y tortuosas, estos vehículos se
convirtieron poco a poco en pilares fundamentales del transporte local.
En muchos casos se trataba de automóviles
antiguos, frecuentemente Chevrolet Chevette en décadas posteriores,
aunque en los primeros años predominaban modelos más antiguos de marcas como Ford,
Dodge y Chevrolet. Estos vehículos fueron testigos de la transformación del
paisaje boyacense y del crecimiento de la vida cotidiana en los municipios de
la región.
Contexto del transporte en Boyacá
El departamento de Boyacá, caracterizado
por su geografía montañosa, siempre ha tenido una gran necesidad de transporte
terrestre. Durante buena parte del siglo XX, muchas carreteras eran destapadas
y presentaban condiciones difíciles para la circulación.
En este contexto, los taxis y los llamados
colectivos se convirtieron en un medio fundamental para conectar los
pueblos con ciudades cercanas como Duitama, permitiendo el transporte de
personas, mercancías y noticias.
Los taxis de 1961 en Colombia: la era de
los “batimóviles”
Uno de los fenómenos más curiosos de la
historia automotriz colombiana ocurrió a finales de la década de 1960 y
comienzos de la siguiente. Se trataba de los grandes y vistosos taxis modelo 1961,
que con el tiempo fueron conocidos popularmente como “los batimóviles”.
La preferencia por los automóviles
estadounidenses era muy marcada en esa época. Cada año estos vehículos
cambiaban de diseño y se encontraban en una etapa considerada como una edad
dorada del automóvil, caracterizada por grandes proporciones y líneas aerodinámicas
inspiradas incluso en la industria aeroespacial.
En 1966 apareció la serie de televisión Batman,
protagonizada por Adam West. El diseño del automóvil del personaje recordaba
bastante a aquellos taxis que circulaban en Colombia desde algunos años antes.
Por esa razón, la gente empezó a llamarlos de manera popular “batimóviles”.
A pesar de que con el tiempo quedaron
desfasados debido a la obsolescencia tecnológica, su resistencia permitió que
continuaran en servicio durante décadas, incluso hasta principios de los años
noventa, especialmente en transporte rural e informal.
Inicio del servicio de taxis en Paz de Río
Posteriormente, hacia comienzos de la
década de 1970, este tipo de vehículos empezó a prestar servicio en Paz
de Río. Según recuerdan algunos habitantes, uno de los primeros conductores
habría sido don Pedro Montañez, quien utilizaba un carro sedán adaptado
como taxi.
También se mencionan otros conductores
pioneros como don Libardo Domínguez, don Héctor Araque, Adelmo Benítez,
Ismael Silva, Leónidas Naranjo, Juan Cárdenas y Francisco “Pacho” Villamizar.
Con el tiempo se sumaron otros nombres
recordados por la comunidad, entre ellos Marcos Palacios (q.e.p.d), Pedro
Nel Eslava (q.e.p.d), Gonzalo Cely, Carlos Martínez (q.e.p.d), Rafael
Duran, Alberto Silva, Mauro Martínez, Iván Cardenas, Leo Naranjo, adelmo(junior).
Y me disculpan otros más que se me olvidan y que ya fallecieron. entre
muchos más que seguramente también hicieron parte de esta historia.
La mayoría de los vehículos eran modelos
de los años cincuenta y sesenta, principalmente de marcas Ford, Dodge
y Chevrolet. Algunos tenían apodos cariñosos como “el Canario”, “la
Muñeca”, “el Ferrari” o “el Batimóvil”.
Muchos de estos conductores se vincularon
posteriormente a empresas de transporte como Cooflotax, Cootrachica y
Autoboy.
Condiciones del viaje
En aquellos años, la carretera que
comunicaba Paz de Río con Belén era destapada y se convertía en un
verdadero trajín para los conductores y pasajeros. En algunos tramos parecía
más una trocha que una carretera, por lo que el viaje resultaba largo y
difícil.
Los vehículos mencionados anteriormente
eran apreciados precisamente por su estructura resistente, sus buenos ejes y su
suspensión, que soportaban mejor las irregularidades del camino. Además,
algunos conductores instalaban cortinas para protegerse del sol, y en
ciertos casos también colocaban reproductores de casete, ya que la señal
de las emisoras era deficiente debido a la geografía montañosa.
Durante el trayecto, no era raro que
algunos pasajeros se marearan, especialmente los niños. Por esta razón, muchas
veces se llevaban bolsas plásticas por si alguien necesitaba utilizarlas
durante el viaje.
Los carros estaban diseñados para cuatro
pasajeros, pero con frecuencia viajaban cinco o incluso seis personas,
lo que hacía el trayecto bastante incómodo, sobre todo para quien quedaba
sentado en el centro.
Sin embargo, a pesar de las incomodidades,
para muchos niños y familias viajar en taxi hacia Duitama o Paz de Río
era toda una experiencia.
Vida cotidiana dentro del taxi
Los conductores tenían estilos muy
distintos. Algunos eran muy conversadores y amables; otros, en cambio, eran más
serios o de mal genio. Entre las frases que aún recuerdan los pasajeros estaban
expresiones como:
— “Yo no lo puedo llevar hasta Belén.”
— “¿Qué es esa luz que se ve: un carro o una casa?”
— “Vale cien pesos, vale doscientos pesos.”
Algunos conductores colocaban desodorantes
en el vehículo para mejorar el ambiente, mientras que otros preferían
mantener el silencio durante el viaje.
También existían vehículos más grandes,
similares a pequeñas busetas, donde viajaban más pasajeros, muchas veces
tan apretados que parecían, como decía la gente, “enlatados como sardinas”.
En cuanto a la música, era común escuchar canciones
mexicanas románticas, muy populares en esa época.
Anécdotas del camino
Entre las muchas historias que se
recuerdan, hay algunas que han quedado grabadas en la memoria de los
habitantes.
Se cuenta, por ejemplo:
Relatos y anécdotas de los taxistas de Paz
de Río
Cuentan que, en una ocasión, don Leónidas
(q. e. p. d.) viajaba desde Duitama hacia Paz de Río. El trayecto transcurría
entre Belén y Paz de Río, por una vía solitaria. Quienes escucharon el relato
de su propia voz aseguran que ocurrió en una noche iluminada por la luna.
En medio del camino se le presentó una
mujer muy hermosa y amable. Al verla sola en la carretera, don Leónidas decidió
invitarla a subir al carro. La mujer aceptó y continuaron el viaje.
Después de unos cinco minutos de trayecto,
don Leónidas la observó de reojo, impresionado por su belleza. Sin embargo,
volvió su mirada hacia la vía para seguir conduciendo. Instantes después, al
mirar nuevamente por el rabillo del ojo, sintió un súbito estremecimiento. De
inmediato volteó la cabeza y quedó inundado de espanto y terror: en el asiento
contiguo ya no estaba la mujer, sino un esqueleto blanquecino recostado.
En ese momento, don Leónidas se llenó de
miedo, pero también de valor. Frenó bruscamente el vehículo, salió despavorido
y corrió algunos metros. Pasados unos diez minutos, regresó con cautela al
carro. Al mirar dentro, no encontró ni a la mujer ni al esqueleto. No había
absolutamente nada.
Se santiguó varias veces y, todavía
temblando, se dijo a sí mismo:
—El diablo me está jodiendo… o me estoy
volviendo loco.
Finalmente, retomó su camino.
Otra anécdota cuenta que don Pachito se
encontraba prestando servicio en la ruta de Duitama a Paz de Rio. Aquel dia
llevaba varios pasajeros. Entre ellos estaba doña Emilce, conocida por algunos
habitantes del lugar, especialmente entre los hombres. También viajaba un joven
que cargaba con mucho cuidado una caja extraña.
Era época de Navidad y, en aquellos años,
aún no estaba prohibida la pólvora. El joven había colocado la caja en la parte
trasera del vehículo.
El trayecto entre Paz de Río y Belén era
entonces una carretera destapada y llena de irregularidades. Todo marchaba con
normalidad hasta llegar a Belén. Sin embargo, unos veinte minutos después
ocurrió algo inesperado. Una puesta en escena.
-De repente se escuchó una fuerte
explosión que provenía de la cajuela del carro-. Los pasajeros se asustaron
enormemente y algunos gritaron:
—¡Nos matamos!
El vehículo incluso se levantó ligeramente
a causa de la explosión. Algunos pasajeros aseguraban que, de no ser por el
peso de quienes iban dentro —especialmente de doña Emilce, que era de buenas
carnes—, el carro habría podido volcarse.
Don Pachito, todavía aturdido, preguntaba:
—¿Qué pasó?, ¿qué fue eso?
En ese momento, el joven pasajero,
visiblemente asustado y ya fuera del vehículo, confesó:
—¡Lo que pasa es que llevaba una caja
llena de pólvora!
Al parecer, los torpedos que llevaba
dentro se activaron debido a los fuertes golpes provocados por el mal estado de
la carretera.
El carro quedó averiado en gran parte de
la carrocería. Posteriormente, el joven buscó mecánicos y latoneros para
reparar los daños.
Afortunadamente, todos los pasajeros
salieron ilesos.
habría zonas
del trayecto del viaje, especialmente como el marrano el portachuelo el uvo o
el plan de belén concentra, tirinquita tenería y otras más.
Conclusión
Sin duda alguna, existen muchas más
historias y anécdotas sobre el servicio de taxis en Paz de Río. Estos
vehículos no solo transportaban personas, sino también recuerdos, experiencias
y momentos de la vida cotidiana de la comunidad.
Por eso, vale la pena rendir un homenaje a
todos aquellos pioneros conductores que, con esfuerzo y valentía,
recorrieron las difíciles carreteras de Boyacá y contribuyeron al desarrollo
del transporte en la región.
Para muchos habitantes, especialmente
quienes fueron niños en aquella época, viajar en taxi hacia Duitama o Paz de
Río sigue siendo un recuerdo entrañable y lleno de nostalgia.
JOSUE MARTINEZ A
PAZ DE RIO- EL PEDREGAL-2026