miércoles, 10 de diciembre de 2025

LOS ACÓLITOS DE PAZ DE RÍO: ENTRE EL HUMO DEL INCIENSO Y LA MEMORIA DEL PUEBLO

 

Hay oficios que parecen pequeños, casi invisibles, como esas brasas que arden bajo la ceniza sin hacer ruido. Y, sin embargo, cuando alguien remueve el polvo, el fuego surge con una obstinación antigua. Ser monaguillo en Paz de Río pertenece justamente a esa clase de oficios: discretos en apariencia, intensos en significado. Un papel que a primera vista podría parecer decorativo —un niño con sotana roja y roquete blanco moviéndose entre cirios y cálices— termina convirtiéndose, con el paso de los años, en una suerte de rito iniciático, una educación sentimental envuelta en olor a cera derretida.

La tradición católica ha insistido en que el acólito “coopera directamente en la acción sagrada”. Pero en Paz de Río, Boyacá, la definición siempre quedó corta. Allí, en ese valle donde las montañas parecen vigilar hasta los murmullos, el monaguillo fue más que un ayudante del sacerdote: fue aprendiz de ceremonias, guardián de objetos sagrados, asistente administrativo, experto en campanas, cantor improvisado, cómplice de travesuras y, por momentos, confidente involuntario de las intrigas parroquiales.

Quizá valga preguntarse —ya que el pueblo todavía recuerda con nostalgia sus antiguas procesiones— ¿por qué un simple oficio infantil logró echar raíces tan profundas en la identidad del municipio? Tal vez porque, en una comunidad donde la Iglesia era el corazón social, servir en el altar equivalía a colocar un pie en el centro mismo del mundo. O tal vez porque, en una época con pocas distracciones, el sonido de una campana tocada por manos temblorosas valía más que cualquier pantalla digital de hoy.

Sea cual sea la razón, la historia de los acólitos de Paz de Río es una historia de disciplina y risa, de solemnidad y travesura, de respeto y picaresca. Una antítesis perfecta: el incienso elevándose con serenidad mientras, bajo el altar, un grupo de niños planeaba su próxima broma.

Aquí empieza, entonces, esta reconstrucción de memoria; no para santificar a los protagonistas, sino para devolverles su estatura humana.

Las raíces de una tradición: Paz de Río entre sotanas y campanas

En la década de 1950, cuando la Iglesia de la Santísima Trinidad abrió sus puertas recién construidas, Paz de Río dio inicio a uno de sus capítulos litúrgicos más vibrantes. Las familias humildes, muchas dedicadas a la minería y al comercio local, enviaban a sus hijos al servicio del altar no solo por devoción, sino por algo mucho más práctico: allí se aprendía el valor del orden, el respeto y la responsabilidad… además de recibir un sueldo que, aunque simbólico, para un niño podía sentirse como un tesoro.

Los monaguillos entraban al grupo entre los ocho y los doce años. Llegaban pequeños, tímidos, mirando los ornamentos con la misma mezcla de fascinación y miedo con que un aprendiz observa la caja de herramientas de un maestro. Con el tiempo, sus pasos se volvían seguros, casi coreografiados, como si un metrónomo invisible marcara cada gesto.

Paz de Río —tan frío al amanecer como ardiente en sus lealtades religiosas— moldeó a cientos de niños bajo una disciplina peculiar: firme, casi marcial, pero también impregnada de humanidad. El sacristán era la figura del maestro severo; el sacerdote, la autoridad suprema; y los mayores del grupo, esos líderes que todo niño observa con admiración y un toque de rebeldía.

Un oficio vigilado por el silencio

En la liturgia, el silencio no es ausencia de sonido: es un campo minado donde hasta el roce de una sandalia puede desatar un sermón. Por eso los acólitos desarrollaban una habilidad que hoy envidiaría cualquier agente secreto: escuchar instrucciones en voz baja, interpretar miradas y mover objetos sin que el más mínimo ruido rompiera la solemnidad.

Y, aun así, como toda regla estricta, esta producía su contraparte inevitable: el error gracioso, el regaño teatral, la risa contenida detrás del cirial. Porque la liturgia de Paz de Río, aunque impecable, siempre tuvo ese toque de humanidad que la hacía entrañable.

 Entre cálices y campanas: las tareas que construían carácter

Ser monaguillo no era un juego simbólico. Exigía memoria, coordinación y una concentración que, a veces, superaba las capacidades de un niño con la cabeza llena de hormigas. La preparación del altar parecía un ballet ritualizado: vinajeras alineadas como soldados diminutos, el purificador doblado con precisión geométrica, la toalla lista para el lavabo, el cirio pascual esperando como un guardián de fuego.

Los objetos sagrados no eran simples utensilios; tenían un aura que imponía respeto. El acetre, el hisopo, la lámpara del santuario, el incensario humeante… todos ellos formaban parte de un universo simbólico que los niños aprendían como quien descubre un idioma antiguo.

Guardianes del sonido del pueblo

En un municipio donde la campana era la red social antes de que existieran las redes sociales, su manejo era un oficio sagrado. Los toques marcaban bautizos, bodas, funerales, incendios o tempestades. Un doble mal dado durante un funeral podía convertirse en tragedia emocional; un repique fuera de tiempo en una boda podía desatar susurros de mal presagio.

No es extraño, entonces, que los monaguillos insistieran en dominar cada toque como si se tratara de un arte marcial sonoro. Aunque, como veremos más adelante, el destino —o la torpeza infantil— tenía otros planes.

La sotana: símbolo, orgullo y travesía

La sotana roja y el roquete blanco eran la armadura de los acólitos. Para un niño campesino de los años cincuenta o sesenta, llevar ese atuendo equivalía, de alguna manera, a sentirse distinto, elevado, parte de un mundo que estaba más allá de las dificultades cotidianas.

La antítesis era evidente: un niño que en su casa corría descalzo o ayudaba a cargar carbón, vestido ahora como pequeño príncipe del altar. Ese contraste daba a la experiencia una carga emocional que muchos nunca olvidaron.

El padre Muñoz, figura querida en la memoria parroquial, solía regalar sotanas a los acólitos más aplicados. Un gesto simple, pero decisivo: más de uno, al enfundarse la tela roja, creyó sentir la vocación sacerdotal surgiendo como una llama inesperada.

 El aprendizaje humano: animadores, sacerdotes y el carácter del sacristán

Detrás de cada niño había un guía: un animador o un sacerdote que, con paciencia a veces inquebrantable y otras veces claramente vencida, moldeaba el espíritu del grupo. El padre Morales, con su Toyota desgastado; el padre Salvador Porras, con su sensibilidad pastoral; el padre Muñoz, con sus sotanas regaladas. Todos dejaron huella.

Pero ninguno marcó tanto como el sacristán. Don Isaacs, por ejemplo, cuya fama de severidad recorría el municipio como un viento helado. Su manera de enseñar era tan directa que muchos años después sus exmonaguillos recuerdan sus frases como si hubieran sido esculpidas en granito.

Era temido y respetado. Una figura que representaba el orden absoluto… lo cual, por supuesto, despertaba las tentaciones de rebeldía más creativas que la infancia puede producir.

Anécdotas: el alma risueña de la memoria

La memoria colectiva de los acólitos no está hecha solo de liturgia. Está hecha, sobre todo, de historias que parecen pequeñas, pero que cincelan el carácter de una generación.

Aquí reviven, pulidas pero fieles, algunas de las más queridas.

 Los ciriales chocando como espadas medievales

Carlos recuerda las procesiones donde los ciriales avanzaban con solemnidad… y terminaban chocando como espadas de caballeros descoordinados. El sacerdote fruncía el ceño; los niños se tragaban la risa hasta que, fuera de la vista del padre, la risa brotaba como un río reprimido.

El campanazo equivocado que alarmó al pueblo

Un acólito tocó la campana el tercer toque y se equivocó el deje, todos los fieles corriendo hacia el atrio  con un ritmo tan extraño que el sacerdote Morales, que estaba en el parque, salió disparado hacia la iglesia como si hubiera escuchado un presagio. Doña Rebequita, alma feligresa, llegó acezando en el atrio casi asustada al mismo tiempo. El regaño fue público del curita, teatral y recordado durante años.

El vino consagrado que desapareció misteriosamente

Angarita tuvo la brillante idea —brillante como solo puede serlo la ingenuidad infantil— de probar el vino de consagrar en ausencia de don Isaacs y el curita El experimento terminó con media botella vacía y una frase célebre del sacristán y todos jartos:

—¡Miserables! ¡Se hartaron el vino para la Misa! ¡Y ahora que le decimos al padre!

Los acólitos aprendieron con resaca, dos lecciones: que el vino era fuerte… y que la ira del sacristán lo era aún más.

 El perifoneo en el Toyota del padre Morales

El viejo Toyota del padre morales recorría calles y veredas anunciando bazares, empanadas bailables y bingos parroquiales. Para los acólitos, aquello era una aventura digna de novela. Viajar en ese vehículo era, literalmente, subirse al escenario móvil de la vida comunitaria.

 El salario de dos pesos

Dos pesos. Una cifra modesta, pero para los acólitos equivalía a una fortuna microscópica. Lo recibían con alegría, como si el esfuerzo de mantener el cirial en alto hubiera sido reconocido por la economía divina.

 La mecha en el badajo de la campana

Un  monaguillo en navidad, travesura y pólvora: una combinación explosiva. Los acólitos colocaron una mecha en el badajo para asustar al sacristán. Cuando la campana estalló, don Isaacs lanzó un “¡Dios mío!” que resonó más fuerte que la explosión. Los niños huyeron entre carcajadas; el pueblo entero recordó la historia durante décadas.

 Las sotanas prestadas del padre Muñoz

Un acolito a veces se disfrazaba, una sotana prestada del curita. cuando no estaba el sacristán, Años después, ingresó al seminario. ¿Fue la prenda la que encendió la vocación? Es posible. A veces basta una tela roja y un gesto de confianza para cambiar el destino de un niño.

 Camilo, el acólito convertido en animador

Camilo empezó siendo niño del altar y terminó guiando a otros. “Uno no sale igual de como entra”, decía. La experiencia lo marcó con una mezcla de disciplina, espiritualidad y compañerismo que aún hoy —convertido en adulto— lleva consigo.

Las luces navideñas y los villancicos desde la torre

Bombillos verdes y rojos, villancicos antiguos que sonaban desde la torre como un eco del pasado, el pesebre armado a pulso, la caja de galletas Gloria y la botella de vino que el sacerdote regalaba cada Nochebuena. Parecía un ritual sencillo, pero para los acólitos era una especie de coronación: la fiesta después del esfuerzo.

Conclusión: el eco de una campana que nunca termina de apagarse

La historia de los acólitos de Paz de Río no es solo la historia de un grupo de niños ayudando en Misa. Es la historia de una comunidad entera reflejada en miniatura: sus valores, su disciplina, su humor, su forma de entender el mundo.

En sus anécdotas conviven dos fuerzas que suelen caminar por caminos opuestos: la solemnidad y la travesura, la fe profunda y la risa espontánea, la tradición inmutable y la infancia rebelde. Como un incensario cuyo humo sube al cielo mientras, abajo, los acólitos se guiñan el ojo.

Quienes fueron monaguillos recuerdan ese tiempo como un hogar dentro del hogar. Un lugar donde se aprendía a respetar el altar, a leer en público, a trabajar en equipo, a convivir con el silencio y, por supuesto, a sobrevivir a los regaños del sacristán.

Hoy, cuando niñas y niños pueden participar por igual, la tradición permanece. La sotana sigue siendo símbolo, el cirial sigue siendo guía y la campana continúa marcando la vida del pueblo. Y aunque el tiempo pase, su historia merece seguir contándose; no para idealizarla, sino para recordarnos que incluso en los oficios más modestos se esconde un mundo entero.

La memoria de los acólitos de Paz de Río —esa mezcla de humo, fe y carcajadas— seguirá resonando, como una campana que, mucho después de haber sido tocada, todavía deja vibraciones en el aire.

JOSUE MARTINEZ- PAZ DE RIO. DIC 2025

 

sábado, 1 de noviembre de 2025

EL ÚLTIMO ZAPATERO DE PAZ DE RÍO: HOMENAJE A UN OFICIO QUE RESISTE

 

EL ÚLTIMO ZAPATERO DE PAZ DE RÍO: HOMENAJE A UN OFICIO QUE RESISTE

 El arte del remendón

Al igual que en todos los pueblos de antaño, Paz de Río albergó con orgullo una noble profesión: la zapatería artesanal. Durante décadas, este oficio fue ejercido por hábiles artesanos que, entre suelas, tacones, zapatos viejos y pedazos de cuero, daban nueva vida al calzado de sus vecinos. Era una labor que requería paciencia, destreza y, sobre todo, una imaginación prodigiosa para “ver lo imposible y hacerlo posible”.

El oficio de zapatero remendón alcanzó su auge entre los años sesenta y ochenta, cuando los talleres eran comunes en cada esquina del pueblo. Sin embargo, con el paso del tiempo, esta tradición fue quedando en el olvido, amenazada por la industrialización y el consumo masivo de productos fabricados en serie.

 El oficio y su técnica

El trabajo del zapatero consistía en mucho más que coser un zapato roto. Entre sus tareas estaban la fabricación de plantillas, la creación de orificios en el cuero para los cordones, la sustitución de tacones y suelas, y la reparación de los desgastes producidos por el uso diario.

Aplicaban betún, pulían con cepillos de cerdas gruesas y abrillantaban el calzado hasta dejarlo como nuevo. En sus talleres se mezclaban el olor del cuero, el sonido metálico del martillo y el brillo del betún recién aplicado: una sinfonía artesanal que hoy resulta casi olvidada.

En la actualidad, ya no existen escuelas ni institutos donde aprender este arte. Los conocimientos se transmitían por observación, de maestro a aprendiz, en una relación basada en la paciencia y el ejemplo. Así, cada zapatero era, en cierta forma, heredero de una tradición oral y manual que se forjaba con la práctica.

 Don Carmelo Díaz: el último zapatero

Entre los últimos guardianes de este oficio se encontraba don Carmelo Díaz, recordado con cariño por los habitantes de Paz de Río. Hombre pausado, sereno y trabajador, dedicó su vida a reparar los zapatos de su comunidad. Inició su labor a los 23 años, vendiendo materiales a otros zapateros y, poco a poco, formó su propio taller, donde trabajó hasta avanzada edad.

Según contaba, los materiales y las técnicas habían cambiado mucho: “Ya casi no se usa el clavo ni la tachuela como antes. Ahora todo es con aguja y cemento”, solía decir con nostalgia.

A pesar de la disminución en los encargos, don Carmelo mantenía fieles clientes. Eran, sobre todo, hombres y mujeres que aún valoraban un buen zapato de cuero y preferían repararlo antes que desecharlo. Con su aguja e hilo, continuó trabajando hasta sus últimos días, demostrando que la pasión por el oficio no se mide en modas ni en ganancias.

Los maestros de ayer

Antes de don Carmelo, Paz de Río tuvo grandes zapateros que dejaron huella: don Ignacio Rincón, don Jesús “Chucho” Durán, don Eduardo Estupiñán, don Siervo Miranda y Messie Boula, un europeo —probablemente francés— que llegó huyendo de la Segunda Guerra Mundial.

Cada uno de ellos y algunos que se me olvidan contribuyó a forjar la historia del pueblo a través de su trabajo. Se cuenta que don Ignacio Rincón era uno de los más populares y también protagonista de algunas anécdotas curiosas. En una ocasión, un futbolista local le pidió reparar sus guayos. Al ver los taches, don Ignacio, sin saber para qué servían, los consideró un defecto y decidió quitarlos. Al entregar el calzado, orgulloso, exclamó: “Le quité esos turupes para que juegue mejor”. Desde entonces, aquella historia se convirtió en una leyenda risueña entre los vecinos.

Otras anécdotas hablaban de zapatos que nunca fueron reclamados, pares intercambiados por error o calzados imposibles de reparar por el mal olor o la dureza del cuero. Cada suceso, aunque trivial, refleja la cercanía entre el zapatero y su comunidad: un vínculo humano y cotidiano que trascendía la simple reparación.

 La zapatería hoy: un oficio en vías de extinción

La zapatería artesanal ya no ocupa el lugar que tuvo antaño. En tiempos pasados, era común encontrar un taller en cada barrio; hoy, apenas sobreviven unos pocos artesanos que continúan remendando zapatos, bolsos o cinturones.

A medida que el país se industrializó, menos personas acudieron a los talleres. Sin embargo, para quienes conservan el gusto por lo hecho a mano, reparar sigue siendo un acto de resistencia frente a la cultura del descarte.

Don Carmelo solía decir: “Aunque ya casi nadie repara sus zapatos, siempre hay alguien que necesita volver a andar con los suyos. Mientras eso pase, el zapatero no muere”.

Homenaje y memoria

Hoy, este texto rinde homenaje a don Carmelo Díaz, el último zapatero de Paz de Río, y a todos los artesanos que con sus manos dieron forma a los pasos de generaciones enteras. Su oficio fue mucho más que un medio de sustento: fue una expresión de paciencia, ingenio y amor por el detalle.

Recordarlos es mantener viva una parte esencial de la historia local de paz de Rio, especialmente a la sociedad de la época. El medio del recuerdo aún se escucha el eco de los martillos, el aroma del betún y la textura del cuero, aún se escucha el alma de un pueblo de esa gente que vio antaño y de niños que caminó gracias al arte silencioso de sus zapateros…

JOSUE MARTINEZ -PAZ DE RIO

NOV 2025

 

domingo, 12 de octubre de 2025

HISTORIA DEL FERROCARRIL Y LAS LOCOMOTORAS DE PAZ DE RÍO

 


HISTORIA DEL FERROCARRIL Y LAS LOCOMOTORAS DE PAZ DE RÍO

Los invitamos a que lo lean por favor me escriben ya que, este maravilloso pueblo, tenía la virtud de tener el servicio del ferrocarril

Hoy volvemos a recordar ya que esta historia se entrelazan la fuerza del hierro, el poder del carbón y el espíritu de una región que apostó por el progreso. Paz de Río, enclavado en el corazón montañoso del departamento de Boyacá, fue testigo de una de las epopeyas industriales más notables del siglo XX colombiano: la era del ferrocarril y de las locomotoras de vapor.

Desde los primeros proyectos de explotación minera, el transporte del mineral fue un desafío monumental. Las condiciones geográficas, el peso del material y la distancia hasta los centros de procesamiento exigían soluciones ingeniosas. Así surgió la idea de construir un ferrocarril que conectara las minas con las zonas industriales y, más tarde, con las principales rutas comerciales del país.

El nacimiento de una red de hierro

La construcción del ferrocarril transformó el paisaje y la vida cotidiana de los habitantes. Ingenieros, obreros y técnicos trabajaron entre montañas y quebradas, abriendo túneles y colocando durmientes sobre terrenos imposibles. Con cada tramo avanzado, el sonido metálico de los rieles se confundía con los ecos del martillo y del cincel, como si la tierra misma celebrara la llegada del progreso.

Las locomotoras, impulsadas por vapor, eran auténticas bestias de acero. Enormes calderas alimentadas con carbón generaban la energía necesaria para mover toneladas de carga a través de los valles. Su presencia imponía respeto: el humo, el silbato y el traqueteo de las ruedas creaban una sinfonía industrial que se convirtió en el símbolo de una época.

El trabajo en las estaciones era continuo. Hombres y mujeres organizaban los cargamentos, mientras los maquinistas y fogoneros cuidaban cada detalle del funcionamiento de la máquina. El ferrocarril no era solo una herramienta de transporte, sino un verdadero sistema de vida.

Las locomotoras: orgullo y símbolo

Entre las locomotoras más recordadas se encontraban las del tipo mikado, conocidas por su potencia y resistencia. Estas máquinas fueron diseñadas para soportar trayectos exigentes y grandes pendientes, características propias del terreno boyacense. Su imagen aún perdura en la memoria de los habitantes como un emblema de la fuerza humana y tecnológica que impulsó el desarrollo de la región.

La llegada del ferrocarril significó más que la movilización de mineral. Trajo consigo conocimiento técnico, intercambio cultural y nuevas formas de organización laboral. Las comunidades se expandieron alrededor de las estaciones; surgieron talleres, almacenes y escuelas. El tren se convirtió en un agente de transformación económica y social.

Volvamos otra vez a Paz de Río…

Volvamos otra vez a Paz de Río, donde el bullicio de los hornos y el chirriar de las locomotoras daban vida a un paisaje marcado por el acero y el carbón. El ferrocarril fue, sin duda, el hilo que unió las entrañas de las montañas con la esperanza del progreso. Cada día, las locomotoras arrastraban su carga entre montañas y valles, desafiando el clima, la pendiente y la distancia.

El tren se convirtió en un símbolo de constancia y fuerza. Los trabajadores, con sus manos ennegrecidas por el carbón, conocían el valor del esfuerzo colectivo. En las estaciones, los niños saludaban al maquinista, las mujeres llevaban comida a los operarios y los hombres comentaban las novedades del día. Aquel tren no solo transportaba mineral: también llevaba sueños, ilusiones y la certeza de que el trabajo transformaba el territorio.

Los trenes eléctricos y la transformación del paisaje

Con el paso de los años, el rugido de las locomotoras de vapor fue reemplazado por el zumbido más discreto de los trenes eléctricos. Este cambio marcó una nueva etapa en la historia del transporte minero e industrial de Paz de Río. Las chimeneas dejaron de expulsar densas columnas de humo, y la modernidad trajo consigo la promesa de eficiencia y menor contaminación.

La llegada del tren eléctrico no fue solo un avance técnico: representó también una transformación simbólica. Donde antes reinaba el olor a carbón, comenzó a sentirse el aire de la innovación. Sin embargo, muchos habitantes recordaban con nostalgia el sonido inconfundible del silbato de vapor, que marcaba el ritmo de sus días y noches.

El declive del ferrocarril

El progreso trajo también cambios inevitables. Las carreteras pavimentadas comenzaron a competir con las vías férreas, y poco a poco el tren fue quedando rezagado. Las locomotoras, que alguna vez fueron orgullo de la región, se detuvieron en los talleres, cubiertas de polvo y silencio.

Aun así, las huellas del ferrocarril permanecen. Los rieles oxidados, los durmientes cubiertos de hierba y las estaciones abandonadas son testigos mudos de una época que marcó profundamente la identidad de Paz de Río. Cada fragmento de vía es una línea escrita en la memoria colectiva del pueblo.

Herencia y memoria

Hoy, cuando los visitantes recorren los vestigios del antiguo sistema ferroviario, pueden imaginar la magnitud de aquel esfuerzo humano e industrial. Las fotografías, los relatos orales y los documentos técnicos dan cuenta de un proceso que fue mucho más que transporte: fue una epopeya moderna.

La historia del tren en Paz de Río nos recuerda que el desarrollo de un pueblo no depende solo de la maquinaria, sino de la voluntad y la visión de su gente. Las locomotoras de vapor y los trenes eléctricos son, en el fondo, metáforas del cambio: representan la transición entre la fuerza del pasado y la esperanza del futuro.

Aunque el silbido del tren ya no se escuche, su eco persiste en la memoria de quienes lo vieron pasar. Allí, entre montañas y rieles dormidos, el espíritu del ferrocarril sigue vivo, la felicidad de sus gentes y especialmente los niños, como un testimonio del trabajo, la fe y la perseverancia de toda una comunidad pazricense.

JOSUE MARTINEZ- PAZ DE RIO

domingo, 20 de julio de 2025

LA HISTORIA DEL TEJO EN CLUB DE TRABAJADORES EN PAZ DE RIO


Inició el anhelado concurso, Todos los amigos, jugadores y trabajadores camaradas que se inscribieron en el campeonato, inter campeonatos o frentes, amigos roscas, no importaban las edades, jóvenes y veteranos. El desarrollo del campeonato, concurso, actividad de esparcimiento, lo patrocinaban, especialmente. La empresa, en la que todos trabajadores  adscritos , debo decirles  que la mayoría de los trabajadores , decidían qué tipos de deporte le gustaría , pues existían otras modalidades, como el futbol, micro futbol, volley ball y alguno raro para el contexto como el softbol , pero la mayoría  decidió  el tejo, ya que este tipo de modalidad era autóctono y principalmente les gusta a todas trabajadores y tenía otras  virtudes , bien   entre otros  se permitía el descanso, además de ingerir algo de sed, usualmente la famosa cerveza, de acuerdo a esto se agrupaban todos los compañeros  y amigos, se procedía a buscar un nombre del equipo de tejo, entre otras cualidades con algunas caracterizaciones y eso sí único, es decir importante el nombre del equipo, algunos apodos o remoquetes, o tal vez el origen, los nombres, el trabajo etc. El objetivo era un nombre que se identificaban algo que generaban alegría chistes, fuerte, y lo mejor único que jamás se había escuchado, tales como: “los auriverdes, las abejas, los caminantes, los viejitos, los porsiligas, los verracos, airetupal, los caimanes, monomechas”, y muchos otros más nombres extraños, que produce, hoy generaría  hilaridad, una vez los inscribiría con  el nombre del equipo, siempre se sentían orgullo, después de este proceso, decidían en la mayoría todos los integrantes del equipo, con un slogan, había una cantidad de equipos de tejo y de acuerdo a los frentes de trabajo, se inscribían cierta cantidad. siempre se recuerda un año hubo más de “45 equipos inscritos”, estos equipos constan de integraban 6 nombres,  este equipo había una función para lograr ganar el juego, tales como cariador  rematador etc siempre se desarrollaba el dia domingo , ya que había espacio y tiempo pues era el dia festivo y único dia, iniciaba a las 8 am, todos acudían la cita en la cual, se aglomeraban quienes a asistían  los deportistas trabajadores, amigos, chismosos , desparchados , niños esposas etc  es decir de todos los !pelambres¡, no solo acudían todos los trabajadores origen no solo de Paz de Río sino de otros pueblos como : socha Tasco , Sativasur, sativa norte , beteitiva, cerinza, belén y otros más de la geografía Boyacense, se observaba mucho tipo de gentes, la cita siempre eran en el club de trabajadores de acerías Paz del Rio, entre otras cualidades, además de un espacio amplio y otros servicios como licores,  bar gaseosas, comestibles, había una especialidad llamado “piquete”; servicios de esparcimiento, como tenis de mesa, billar, servicio de televisión y el plato principal las famosas canchas de  tejo en las afueras del club, en esas épocas de la mañana, especialmente los domingos todos se reunían en ese maravilloso cálido club, en esa cita  se encontraban saludaban, lanzaban chistes . gracejos, apodos eventos, y más chistes , problemas de trabajo familia y el bálsamo del infaltable la deliciosa cerveza que calmaba la ansiedad  y más sed y volvían a pedir más esta maravillosa y deliciosa adicción, pero eso si  muy felices y la reunión muy romántica y amorosa siempre se escuchaba al fondo toda la baruya de toda la gente reir y más feliz departiendo, era increíble esta familia etc, luego inmediatamente se reunían los integrantes las tácticas y el desarrollo.

Ahora hablamos el protagonista algunos con uniformes  de camiseta y por supuesto el nombre del equipo, el tejo era una forma de cilindro triangular cónica o truncada fabricado en los mejores aceros templados a veces de diferentes colores, la mayoría eran fabricados en los mismos tornos de acerías Paz del  Rio, creado con todo tipo de adornos , alegóricos y marcados, con diferentes inscripciones, bien ahora acerca de los elementos para cargar el tejo, encontrábamos de todos  colores , material, y siempre buscando gran parte de !chicaneria¡ (términos colombianos) aditamentos tipo carriel hechos en cuero fino de acuerdo el valor también lo llamaba portatejo, termino rebuscado, también simple más barato normalmente de color cuero, pero no faltaba de algún porta tejo de multicolores para llamar la atención había algunos  hechos de metal y recubierto y brillante oro, se buscaba la atención de los demás y la admiración de los observadores quienes era de forma de un tejo, además colgado con cadena tipo joya, con una tapa  con un broche además de la inscripción y el dueño, y por último el mas humilde el contendor solo llevaba el tejo en la mano   o en una bolsa y usualmente eran los mejores deportes que anotaban mas puntos, bien ahora hablemos acerca del consurso , especialmente, el  mas elemento codiciado y esquivo , como era la mecha, aunque consiste en introducir el tejo dentro de un círculo metálico conocido como tejin o bosín, en los bordes del círculo se colocan 2 mechas arriba en el bosin y abajo. Quien logre hacer explotar el mayor número de mechas y otras más modalidades como embocinadas, moñonas manos, otros válidos tales como: tablas, externo en el piso, bordes de la cancha, rebotar del piso a la cancha, etc, el objetivo es ganar la partida. usualmente el ambiente era lleno de bulla, es percibir la música que por lo general la controla una rockola y que reproduce música popular y carrilera, es toparse con explosiones, la humareda que estas generan, el olor a pólvora y los deliciosos olores a comida, que por lo general simboliza las tradicionales picadas de gallina y otros platos típicos como huesos de marrano o pelanga. Todos estos elementos conforman una experiencia inigualable, sobre todo si es la primera vez que alguien pone un pie en estos territorios; el olor a pólvora los recibe de golpe a la entrada y como no hablar del intimidante estallido de la mecha ganadora que aturde los oídos. o del cuidado que hay que tener con los lanzamientos del tejo, ya que las múltiples canchas pegadas entre sí, disputan la partida al tiempo y los tejos atraviesan el campo de juego ajeno y las invisibles circulaciones. El club de tejo no solo ese lugar de una experiencia única, sino el hogar de la entrañable cultura popular, explosiva e hilarante.

hubo grandes jugadores tanto en el club de trabajadores, que por historia y honestidad, se convirtieron en jueces o fiscales muy famosos y le daba altura a un campeonato de renombre, tales era como: don Jorge Martinez, Adolfo Santisteban, Andres Mojica y Guillermo rojas, siempre se les llamaba como jueces fiscales. por otro lado, el día Domingo, cuando se desarrollaba el final del campeonato y ganábamos el trabajador o cuestión, cuando ganaban el campeonato, recibian el trofeo o copa, se abrazaban llenos de plétora con homenajes y !promesas y mas promesas!, y no faltaba un amigo con algo de chicaneria, ya que tenian una camara de fotos, acto seguido llenaban de cerveza.  en el palmares,  una copa y bebian cerveza , sufrida con la copa y la besaban, era tanto la emocion que luego empezaba a pedir whisky , y lo mejor se les ovidaban que eran pobres y seguian obsequiando a todo mundo, posteriormente a esa hora de a las 4 pm y algunas horas  mas tarde, todos jugadores , unos mas que otros con efectos de las cervecitas , se hacían promesas volvían y se reian, por ultimo finalmente, llegaban algunos emisarios de los jugadores o trabajadores, tales como hijos del jugador enviados por la esposa del jugador o trabajador, el papa al encontrarse con sus hijos los invitaba, para que compraba comestibles y aprovechaban, el padre generoso, luego les decia, –me tomo la ultima– y nos vamos porque su mama nos espera, pero pasaban las horas , y los niños pedían mas gaseosa, hasta ya entrados las 8 o 9 pm, aparecia la esposa, algo enojada, el jugador –se timbraba– , inmediatamente le decia –mija– que se tome, lo que pasa es que ganamos, ella replicaba , mire las horas, nos toca madrugar finalmente abrazaba a la esposa , algo tambaleante, y al lado de sus hijos, contentos todos, luego el dia lunes…. y asi volvia a la cruda realidad, con una resaca o guayabo de siete suelas, pues la madrugaba para  trabajar a las 5 am. y la esposa, –se acabo la carne y los huevos–, !el jugador¡, !campeón!  grande pero pobre trabajador y asalariado, !miro los bolsillos!, !totalmente vacíos!, —mija quede pelado– y !lo mejor, la cabeza que estallaba, junto a la infaltable cantaleta, para luego  pedirle al vecino  de la tienda fiar sin falta……. asi terminaba jaja ja ja, ese era mi Paz de Rio, pero eso si ¡muy felices!...

 

JOSUE MARTINEZ

PAZ DE RIO- BOYACA


sábado, 12 de abril de 2025

LAS NATALIAS

   LAS NATALIAS

SIEMPRE EMPIEZO POR DECIR QUE HABER VIVIDO EN PAZ DE RIO, EN MI NIÑEZ HA SIDO UN GRAN PRIVILEGIO DEL CUAL MUCHOS ESTAMOS FELICES DE VOLVER A RECORDAR ESAS MARAVILLOSAS ÉPOCAS, HOY QUIERO EVOCAR UNA FAMOSA PANADERÍA DE ANTAÑO CON GRAN NOSTALGIA Y SE VEÍAN LAS CARACTERÍSTICAS DE UN NEGOCIO COMERCIAL, POSEÍA UN GRAN ATRACTIVO TENIENDO EN CUENTA AQUELLOS PRODUCTOS, CON ACOGIDA Y CALIDEZ, Y ERA LAS QUERIDAS “HERMANAS CÁRDENAS MÁS CONOCIDAS COMO “LAS NATALIAS, PODEMOS DECIRLES, UNAS HERMANAS, QUIENES NACIERON DE PAZ DE RIO, YA QUE ORIGINARON DE LA VEREDA SOAPAGA DEL SITIO LA RANCHERIA, EN AQUELLOS AÑOS, PERO ALGO IMPORTANTE, POR SUPUESTO NO HABÍA ESA TECNOLOGÍA DESBORDADA DE TECNOLOGÍA, Y NOS ASFIXIA Y CADA DÍA NOS QUITA ESE HUMANISMO QUE POCO YA NOS QUEDA, VOLVEMOS ESTA HISTORIA DE ESTAS MARAVILLOSAS HERMANAS, ESTE GRAN NEGOCIO Y SE VOLVIÓ FAMOSA EN LOS EN LOS AÑOS 50S AÑOS, TODO INDICA DEBO DECIR QUE LAS HERMANAS, SIEMPRE ELLAS SE UFANAN POR SER MUY UNIDAS, PERO TAL VEZ LA MÁS HERMANA EMPRENDEDORA, FUE NATALIA CÁRDENAS, ELLA DE JOVEN TRABAJO, CON DOÑA CARMEN CORREA, MUY FAMOSA DOÑA CARMEN POR TENER ÚNICA UN PRIVILEGIO EN ESA ÉPOCA POR OFRECER TODO TIPO DE COLACIONES, ÚNICAS EN LA REGIÓN, PERO NATALIA, MUY VERSÁTIL APRENDIÓ, ESPECIALMENTE COLACIONES, QUE ATRAÍAN A TODOS LOS TRANSEÚNTES, NATALIA APRENDIÓ TIPO DE GALLETAS, ROSCONES, PAN, CÁLAO Y LA INCREÍBLE MANTECADA , ADEMÁS DE ESTE ELIXIR LLAMADO MASATO, TAL VEZ ORIGINARIO DE OTRAS PARTE, ALGUNA VEZ NATALIA UN BUEN DÍA DECIDIÓ; NO TRABAJAR MAS CON DOÑA CARMEN CORREA, Y FINALMENTE DECIDIÓ COMENTARLES A TODAS SUS HERMANAS, PARA CREAR UNA GRAN NEGOCIO DE PANADERÍA Y COLACIONES, ASENTIRLO SIN DUDA ALGUNO, LES GUSTO A TODO EL COMBO DE HERMANAS, Y LE DIJERON A NATALIA, NO TE PREOCUPES, ENTRE TODOS LOS LOGRAREMOS SACAR ADELANTE, AHORA LUEGO TENÍAMOS QUE CONSEGUIR UNA CASA, PARA QUE SE ACOMODARON DE TAL FORMA QUE PUDIERON REALIZAR TODO EL TRABAJO DE ESTA NUEVA EMPRESA, ELLAS TENÍAN ALGUNOS AHORROS Y ENTRE TODAS LOGRARON COMPRAR LA CONOCIDA CASA ESQUINERA AL FRENTE DE LA FAMILIA SÁNCHEZ Y FAMILIA RODRÍGUEZ, PUES BIEN, ACTO SEGUIDO, CONSIGUIERON HERRAMIENTAS Y ELEMENTOS DE INSUMOS, PARA INICIAR DECIDIERON OFRECER SOLO PAN Y EL FAMOSO CÁLAO YA QUE TENÍAN MÁS ACOGIDA, LA TAN ANHELADA EMPRESA, INICIALMENTE EMPEZARON A OFRECER ENCARGOS A LAS DEMÁS CASAS CONOCIDAS, PERO ESO SI GARANTIZARLES A TODA LA REGIÓN DEL MEJOR SABOR, ELLAS DECIDIERON, YA QUE FUE LA INAUGURACIÓN LAS VÍA FERROCARRIL DESDE CORRALES A PAZ DE RIO Y FUE TODO UN ACONTECIMIENTO A PAZ DE RIO. TENÍAN A TRAVÉS DE UNA VENTANA ENTREGAR LOS ENCARGOS DE PAN, DEBO DECIR QUE NATALIA MUY CONOCIDA POR SU VERSATILIDAD, APRENDIÓ TAMBIÉN LA PANADERÍA DE DIFERENTES PAN A DOÑA ELVIRA, TAMBIÉN CONOCIDA, MAMA DE GABRIEL HERNÁNDEZ, SIGAMOS ACERCA DEL GRAN NEGOCIO DE PANADERÍA Y APARA ACOMPAÑAR OFRECÍAN TAMBIÉN ACOMPAÑADO DE PAN CON GASEOS, QUE EN ESAS ÉPOCAS , ERAN NORMAL, LES VENÍA BIEN Y EMPEZARON A SER MUY FAMOSAS DE LA REGIÓN POR SU SABOR, TANTO ASÍ QUE ACUDÍAN GENTE DE OTRAS REGIONES Y EL LIMO, LUEGO DECIDIERON SALIR A OFRECER LOS DOMINGOS EN EL PARQUE Y SE LANZARON A OFRECER COLACIONES, COMO BIZCOCHOS, GALLETAS Y LA FAMOSA MANTECADA, ACOMPAÑADO CON EL MARAVILLOSO MASATO Y LA GENTE COMPRABAN BASTANTE, Y CADA MÁS GRANDE EL NEGOCIO Y EMPRESA, FUE CONOCIDA HASTA SOCHA Y TASCO POR ENCARGO, ESTAS VARIAS HERMANAS EMPRENDEDORAS, TALVEZ SE LLAMABAN: NATALIA, ADELINA, CARMEN, Y EFIGENIA O HOTENSIA, FUERON FAMOSAS ESTAS HERMANAS DE CUNA HUMILDE , Y ALGO QUE SE IDENTIFICABAN ERA SU AMABILIDAD, FUERON UN GRAN NEGOCIO BOYANTE, Y UNA DE ELLAS HERMANAS ERA TAL VEZ ABUELA DE “MEÑI”, NAIDU Y CLARITA, TAMBIÉN QUIENES FUERON CONOCIDA LA FAMILIA VEGA CÁRDENAS; BIEN AHORA DESCRIBIMOS UN POCO LA CASA EMPRESA, UNA CASA ANTIGUA, PERO EL NEGOCIO TENÍA UN DISEÑO TAL VEZ TOSCO COMO NUNCA VEÍAMOS , ENTRABAN DE MANERA ENTRAR A UNA ESPECIE DE TÚNEL O GALERIA CON UN BOMBILLO DE LUZ TENUE, DESDE EL INICIO HACIA EL ASCENSO A TRAVÉS DE ESTA GALERÍA Y LLEGÁBAMOS A ESE HORNO GIGANTE DE LEÑA Y SE SENTÍA ESE OLOR ADICTO DE PAN, RECIÉN HECHO, TANTO ASÍ QUE NOS PELEÁBAMOS CON NUESTROS HERMANOS DE NIÑOS PARA REALIZAR EL MANDADO MI SEÑORA MADRE PARA LA PANADERÍA DE LAS CÁRDENAS O NATALIAS Y ADEMÁS , EL BENDAJE OBSEQUIO O EL ALGO DE LA DUEÑA FINALMENTE LLEGÁBAMOS AL SALÓN DE EMBALAJE Y TODAS LAS HERMANAS SE VEÍAN TRABAJANDO, ERA MARAVILLOSO, INGRESAR EN ESA EMPRESA Y PARECÍA EL TIEMPO SE DETENÍA, SIEMPRE ME ACORDARA ESA ÉPOCA MARAVILLOSA Y UNA DE ELLAS, ERA INGRESAR A LA EMPRESA DE LAS SEÑORITAS CÁRDENAS, LAS SEÑORITAS CÁRDENAS, ESPECIALMENTE EN SEMANA SANTA ELLAS ERAN ESPECIALES, PARA TRABAJOS EN GASTRONOMÍA EN SEMANA SANTA, TALES COMO COLACIONES, GALLETAS BISCOCHOS, MANTECADA Y PAN DE MANTEQUILLA, TODA LA DEMÁS GENTE DE LA REGIÓN, TENÍAN QUE TENER TURNO, ASÍ ERAN LAS FAMOSAS HERMANITAS CÁRDENAS, Y NOS MARCÓ EN ESOS NIÑOS DE LA ÉPOCA Y MUCHAS NUEVAS GENERACIONES, SIEMPRE LAS LLEVAREMOS EN NUESTRAS MEJORES ÉPOCAS MARAVILLOSAS, A TRAVÉS DE ESA ÉPOCA, Y AHORA YA VETERANOS, LAS HERMANITAS CÁRDENAS, POCO A POCO, FUERON FALLECIENDO, LA ÚLTIMA MIEMBRO QUE MANEJO EL NEGOCIO, FUE UNA HIJA MARIELITA, HOY EN DIA CAMINO POR EL FRENTE, Y PARECE SE ESCUCHABA TRABAJAR. HACE TIEMPO HA PASADO, PUES SEGUIRÁ RECORDANDO OTRAS MAS HISTORIA QUE VIVIMOS EN PAZ DE RIO, Y COMO DE NIÑOS FUERON OTRA FACETA MÁS DE ESAS FAMILIAS DE PAZ DE RIO, COMO FUERON PROTAGONISTAS LAS “HERMANITAS CÁRDENAS O NATALIAS.....
JOSUE MARTINEZ.
PAZ DE RIO ABRIL25

sábado, 4 de enero de 2025

EL BUEN OFICIO DE LUSTRABOTAS EN PAZ DE RIO

         EL BUEN OFICIO DE LUSTRABOTAS EN PAZ DE RIO

-- Le tocó el turno a usted! No, porque es a patuleco , a quien le corresponde, escuchaba yo cuando de niño me iba a acompañar a mi madre el día sábado  a comprar el mercado de plaza (frutas y verduras)como comúnmente se le mencionaba acto seguido me detenía  para observar a ese grupúsculo  o gremio de niños y adolescentes, también llamados lustrabotas del cual alguna vez Paz de Rio  como muy pocos tuvo en los años 70s y 80s, teniendo en cuenta que solo se observaban en las medianas y grandes ciudades de Colombia, siempre los veía ubicados al  final de la avenida Santander frente al árbol de muelle; emboladores, boleros o su término más técnico lustrabotas, una  vez me dijo mucho tiempo después uno de ellos  que el termino era “lustradores de calzado” este gremio era muy aliado del zapatero remendón recordando a don Ignacio Rincón “Ignacito” del cual también hablaremos en otra oportunidad, además de la manera que muchos oficios de antaño que están en proceso de desaparecer; bien retomemos a los lustradores, existían personajes pintorescos que  practicaban este tipo de  trabajo , otros lo llamarían arte, tradicionalmente pertenecían a familias de extracción humilde, cuyos recursos eran  exiguos, eran niños y adolescentes exultantes, con un apremiante deseo , del rebusque,  un mecanismo de adquirir un rubro extra , especialmente para las onces en la escuela y uno que otro lujo de la época, había otro, que era el de los carretilleros o zorreros que hablaremos también en otro artículo, bien retomemos estos admirables artistas, que al igual que dentro del contexto colombiano; cada uno portaba con un remoquete o apodo tales como “chita” “patuleko” aquaman zorro, sueño y otros  héroes típicos de la televisión o extraído de la relación con algunos animales, un oficio que ha sido estigmatizado, pero que sin embargo nos recuerda  a la película que protagonizo ese icono del cine latinoamericano, Cantinflas con “El bolero de Raquel” haciendo una parodia con el nombre de bolero  y la melodía de Ravel. Sin olvidar a esa magnífica figura de pueblo y que representaba lo que es este país y con gran maestría, hizo que Colombia lo adorara, me refiero al inmolado, Jaime Garzón que lo escenificó con ese humor político y acido en el papel de Heriberto de La Calle, además de otro representante del gremio como lo fue, Luis Eduardo Díaz, que  logro cambiar su actividad de lustrabotas a concejal de Bogotá.

Y volviendo otra vez a Paz de rio, veamos cómo era la dinámica de este gremio que lo hacía con una estética parroquial; existían dos lustradores mayores y fundadores que normalmente eran los de más edad y fungían como jefes ufanándose de ser los mejores, se caracterizaban por su locuacidad de esta forma indicaban el reglamento que ellos mismos crearon, como la ubicación, el respeto a acreditar la clientela y tenían el poder de decidir sobre algunas reglas en el trabajo, una de las cuales consistía en que no tenían horario de trabajo, es decir que había algunos que por diferentes motivos no asistían sin embargo la mayoría acudían al trabajo cumplidamente desde las 8 de la mañana aproximadamente, igualmente la jerga que utilizaban para referirse al trabajo era muy particular como, “polichada, americana, lustrada, pulida y otros mas

Estos lustradores mayores, también contaban con otro tipo de ingreso que era el alquiler de revistas de comics de la época (Kaliman, Tamakun, Aguila Solitaria, Arandu, memin, el chapulin colorado y muchas más)

En Paz de Rio a diferencia de las ciudades, no estaban uniformados, salvo los jefes que portaban un overol enterizo cuyo atuendo le haría ejercer cierto poder y cache, cada uno tenía su lugar de trabajo, y su respectiva clientela que consistía usualmente en comerciantes prestantes, trabajadores de acerías paz del rio, empleados de la alcaldía y algunos gamonales

Como toda labor existían días buenos y malos para el trabajo, los días buenos se consideraban el sábado el domingo por la mañana, días en los que se veía más afluencia de gente en el centro de Paz de Rio, había temporadas tan buenas como la época de fiestas que se daban el lujo de ofrecer algún tipo de refrigerio a sus mismos compañeros de trabajo tales como gaseosa, café y empanada o simplemente realizaban una apuesta a través del juego de cartas o el lanzamiento de una moneda

La época de trabajo de este gremio se desarrollaba los viernes por las tardes, los sábados todo el día y los domingos por la mañana, e indudablemente la época de vacaciones ya que todos estudiaban en la escuela y algunos en el colegio.

Ahora  hablemos de personajes con quienes se codearon y tuvieron el gusto de atender, fueron algunas luminarias de la región que fungían de burócratas y leguleyos de la época, tales personajes como el representante y empresario del transporte fruto Mejía, igualmente otros como don Eulogio Ortiz, Luis Beltrán Cruz, y uno que otro conductor del gremio de taxistas y buses, a quienes les escuchaban historias con un poco de  demagogia, que estos señores les narraban bajo el típico juramento de que eran ciertas. y ellos de forma lacónica les guardaban esos secretos, también oían muchas historias que les causaban hilaridad hasta reventarse, pero con esa sindéresis que los caracterizaban igualmente les prestaban atención.

Ahora hablemos de Las herramientas de trabajo que utilizaban, eran casi todas similares y consistían , en un sillín o banco de trabajo , caja de herramientas que a su vez era el posa zapatos (termino rebuscado)  y algunos ofrecían el periódico o revistas para que los clientes contaran con la información de primera mano, este servicio era muy efectivo a la hora de asegurar clientes  puesto que además obsequiaban ciertas propinas y de paso acreditaba  más el negocio, ya que el cliente estaba más cómodo y con la información tipo internet hablando en términos de hoy,  la silla para el cliente consistía en una especie de almohada que se ubicaba en el mismo sardinel divisorio de la avenida, y cuando los días eran muy calurosos o el sol estaba penetrante, portaban una silla especial  ubicándola bajo el árbol conocido de muelle para proteger  el cliente.

Refiriéndonos a la caja de herramientas, y su contenido era una serie de recipientes metálicos de betún , negro que era el de mayor tamaño, ya que en la época la mayoría de calzado era de este color , pero también había otros de color marrón y algunos también portaban un tubo de crema blanca o Griffin como lo llamaban en la época para el calzado de color blanco de algunos clientes especiales tales como conductores de buses y taxi. Igualmente portaban una serie de bayetillas para diferente uso como , limpiar, embetunar, polichar , y la americana, además de un utensilio o tarro con agua para limpiar el calzado que se encontraba con suciedad

a pesar de la humildad que los caracterizaban eran muy felices y obstinados y aunque algunos transeúntes le hacían la mofa, ellos seguían impertérritos y buscaban a veces ese subterfugio para estar con amigos y de paso prestaban un servicio a la sociedad,

Dejemos un poco los atavismos y regresemos a nuestros días, para dar por descontado que las nuevas generaciones de jóvenes, ya poco transitan por él, banco o sillín de un lustrador de calzado, no es algo común además que no les interesa , entre otros elementos de juicio, porque existe un predomino del uso del calzado informal en su gran mayoría zapatillas , razón por la cual a través de los tiempos poco a poco se fueron reduciendo los clientes y por ende los lustrabotas sin encontrar reemplazo alguno, ya que no era muy atractivo el oficio; los lustrabotas de mi pueblo fueron creciendo y madurando en edad , buscando otros horizontes  hoy en día, camino por esta misma avenida Santander y me detengo para retroceder en el tiempo, con un recuerdo solaz de ese gremio de niños felices y avezados, que ofrecían ese servicio en donde la ciudadanía los observaba algunos con inquina y otros con curiosidad, como era que lustraban magistralmente, sacándole a cualquier calzado de cuero un brillo sorprendente, y una sonrisa de satisfacción a los clientes y los curiosos que observaban; algunos de estos jóvenes jamás los volví a ver, estoy seguro que donde estén recordaran lo felices que fueron desempeñando esta noble labor. el mundo continua irremisiblemente cambiante atiborrado de semejante consumismo bajo la dialéctica de comprar , utilizar y botar, desaparecieron muchos trabajos dignos que algunos apenas si recordamos, es un hecho que  el futuro del lustrabotas tiene los días contados y uno de los motivos es que algunos creen que no es un trabajo digno y es de poca monta, algo discriminatorio que tiene ciertos estereotipos sociales marcados como los que existen en Colombia; quedan todavía hoy en día a pesar de estar minado,  unos dos señores ya mayores que practican este oficio pero lo realizan esporádicamente y por absoluta necesidad, pero sin duda alguna seguiremos recordando a ese grupo de niños y adolescentes con los cuales crecimos muchos y nos dieron una lección de que cualquier trabajo hecho con amor siempre dignificara al ser humano.

Termino con unas palabras del gran compositor Miguel Ángel Valdés, que hace alusión a este oficio con estas palabras en su canción El Limpiabotas

“Soy el limpiabotas,

traigo crema blanca, traigo crema negra...

El que quiere que el zapato quede limpio y con su brillo,

hay que darle duro al trapo y meter bien el cepillo.

Hay quien dice que este oficio no requiere condición,

pero en verdad yo le digo que nací con vocación”.

 JOSUE MARTINEZ

FINCA EL PEDREGAL-PAZ DE RIO