jueves, 24 de noviembre de 2011

QUE TAN ACERTADA ES LA TELEVISION EN COLOMBIA CON LA EDUCACION

QUE TAN ACERTADA ES  LA TELEVISION EN COLOMBIA CON LA EDUCACION

Desde sus comienzos cuando  se hicieron las primeras emisiones públicas de televisión en el año de 1927 la BBC desde Londres a nivel mundial. Y en Colombia el 13 de junio de 1954 siendo presidente el general Gustavo Rojas Pinilla se ha venido desatando una serie de controversias, disertaciones de expertos, si se le ha dado el pertinente uso  a este medio tan voraz que acapara la atención de grandes y chicos. El gobierno en su extraña sabiduría emite conceptos elusivos y falibles qué en nada contribuye a mejorar una sociedad AHOGADA en el consumismo mediático a través de este sórdido medio, y en el cual encontramos un subterfugio  haciendo caso omiso de sus efectos colaterales a mediano y largo plazo.
La televisión nos ha exiliado irremisiblemente de nuestra familia, de nuestro entorno parece que cada día nos engulle más y perdemos nuestra propia identidad. Pero para emitir un concepto más técnico cuales pueden ser según Valdemar zetser los efectos que causa en nuesra asepsia moral como lo es  la educación: 
EL APARATO
El aparato de televisión (TV) es fundamentalmente un tubo de rayos catódicos, plasma o LCD.
La imagen es muy gruesa: son cerca de 150.000 puntos (en comparación, nuestra retina tiene cerca de 150 millones de células sensibles a la luz). Así no es posible distinguir la expresión de una persona si es enfocada de cuerpo entero. Por eso en las novelas y en los noticiarios, sólo se enfoca el rostro, pues la expresión de la persona es fundamental en la transmisión.
Al igual que en el cine, la TV puede caracterizarse como un sistema de imágenes consecutivas que dan la impresión de movimiento, con sonido sincronizado.

EL TELESPECTADOR
El telespectador está físicamente inactivo. De sus sentidos, sólo utiliza su visión y audición, pero de manera extremamente parcial. Por ejemplo los ojos no se mueven, no se hace el esfuerzo de aguzar la vista –no vemos mejor si nos aproximamos a la pantalla– y la distancia al aparato es constante.
Los pensamientos están casi inactivos: no hay tiempo para el razonamiento consciente ni para hacer asociaciones mentales, pues ambos son relativamente muy lentos. Esto lo demostraron las investigaciones de Krugman: el electroencefalograma de una persona viendo TV indica un estado de desatención, de somnolencia, un estado semihipnótico, y normalmente todo telespectador se adentra en ese estado en medio minuto [Krugman, H.E. (1971) Brain wave measurements of media involvement, Journal of Advertising Research 11:3-9]. Jane M. Healy en Endangered Minds: Why Our Children Dont Think [(1990) Touchstone, Nueva York] justifica ese estado mental como una reacción neuronal a las excitaciones visuales exageradas y continuas. La intermitencia de la imagen, el ambiente en penumbra y la pasividad física del telespectador hacen que el escenario sea semejante a una sesión de hipnotismo.
Resta la actividad de los sentimientos. Es la única actividad externa e interna del telespectador. Por eso los programas intentan siempre impresionar los sentimientos: novelas con profundos conflictos personales, deportes peligrosos y llenos de acción, y la conocida violencia.
Todo eso significa que el telespectador se halla en un estado de consciencia animal, sin pensamientos activos.
Los directores de imagen conocen muy bien el estado de somnolencia del telespectador. Por eso ellos siempre crean imágenes que cambian constantemente, ya que si la imagen se quedase parada, todos los telespectadores se adormecerían. Jerry Mander, en su libro Four Arguments for the Elimination of Television [(1978) Wm. Morrow, Nueva York] dijo que las imágenes cambian en promedio 12 veces por minuto. Creo que hoy son mucho más rápidas. Ese cambio constante de imágenes y la excitación necesaria de los sentimientos, hace que todo lo que la TV transmite se transforme en un espectáculo. Neil Postman, en su extraordinario libro Amusing Ourselves to Death [(1986) Penguin Books, Nueva York], llama la atención sobre el hecho de que por eso casi todo en la vida se ha transformado en espectáculo: la política, la educación, la religión, etc. Las personas se acostumbran tanto a la presentación en forma de espectáculo de la TV, que no aceptan ni soportan ya otras formas de actividad cultural, más sencillas y calmadas, pues tienen la impresión que son aburridas.
En la lectura es necesario producir una intensa actividad interior: en una novela, imaginar el paisaje y los personajes; en una obra conceptual, por ejemplo filosófica, hay que asociar constantemente los pensamientos descritos. La TV, por el contrario, no exige actividad mental alguna: las imágenes vienen terminadas, no hay más nada que agregar. No hay posibilidad de pensar sobre qué está siendo transmitido, pues la velocidad de los cambios impide que nos concentremos en cada tema.

LA TV Y LA EDUCACIÓN
De lo dicho se puede concluir que la TV no tiene efecto educativo alguno. La educación es un proceso muy lento (lo que se aprende de golpe no tiene valor profundo) y debe acompañar al desarrollo integral del niño o joven, pero en la TV todo es rápido por necesidad del aparato. La educación es un proceso muy contextual: el maestro sabe lo que dio en el día o semana anterior, y en los métodos de educación integrada, como en la Pedagogía Waldorf, los maestros saben lo que los otros maestros de la misma clase están haciendo, y conocen muy bien sus alumnos individualmente. Pero la TV, como medio de comunicación de masas, está casi totalmente fuera del contexto de cada telespectador.
Sin embargo, el punto más negativo de la TV en relación con la educación es que ésta exige la atención y la actividad del estudiante. En particular, la educación debería tener como una de sus principales metas el desarrollo de la capacidad de imaginar y de creación mental de chicos y jóvenes. Pero la TV hace exactamente lo contrario: el bombardeo constante de millones de imágenes hace que el telespectador pierda la capacidad de imaginar y de crear. Eso es muy grave sobre todo para los chicos y jóvenes, que están desarrollando estas capacidades. Con un adulto que las tenga, la pérdida parcial puede ser lamentable, pero mucho peor es no llegar a desarrollarlas.
La conclusión es que la TV puede emplearse como medio de condicionamiento, pero no de educación. Por eso, como anotó Jerry Mander en el libro citado, hubo un matrimonio perfecto entre la TV y la propaganda: para ésta, el estado ideal del consumidor que la absorbe es el de total subconsciencia, pues así no hay crítica (la propaganda es el arte de convencer a las personas para consumir lo que no necesitan o lo que tiene un precio mayor o una calidad inferior). En 1999, la mitad de los gastos totales de propaganda en Brasil, de 11 mil millones de dólares, se hicieron en TV. No se gastaría tanto si no diera buenos resultados en la venta de esos productos, debido a la influencia que tiene ese medio de comunicación. Marie Winn, en su libro The Plug-in Drug [(1977) The Viking Press, Nueva York] muestra que la TV no tiene efecto educativo.
Así, la TV representa en muchos aspectos la antítesis de la educación. Sólo debe emplearse en la educación como ilustración, durante pocos minutos, con video, para que el maestro pueda repetir las imágenes y debatir con sus alumnos lo que ellos vieron, preferiblemente sólo en la educación secundaria o en la universidad.

ENTONCES PODRIA SER MÁS RESPONSABLE CUANDO SUS HIJOS Y USTED VEN TELEVISIÓN

JOSUE T.MARTINEZ ANGARITA.
CATEDRATICO Y ECOLOGISTA
PAZ DE RIO- BOYACA

1 comentario:

  1. excelente analisis de como vamos con la television t el daño que le estamos causando a nuestros hijos

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